Aquí estoy nuevamente, mi estimaísimo público, otra vez en este espacio de contacto virtual con ustedes, y me encuentro esta vez en la benemérita Suiza. En efecto, Suiza, señores, destino inesperao pero bienaventurao. Más precisamente, la ciudad de Basilea, en el límite con Francia y Alemania, en plena región alsaciana, jodé. Y hablo azi, como andalú, porque he venio a pará a casza de una amiga que esh de Graná, la muy guai, y que me tiene de parabienes con zu buen papel de anfitriona. Anoche, yo recién llegao a Basilea, me cogió por la estazión de trenesh y me ievó a comé a un restaurant típico de Suiza, y nos comimos una ensalda local, con vino blanco suizo, y dos fondues de queso! Ale, que zi ze lesh cuento lo que era, que no me lo creen! Una "fondiú" que te caez de parao!
En fin, como les estaba comentando, ahora me estoy recuperando de la resaca de anoche todavía. Me llevó como a tres bares y ya no me acuerdo el final. Tiene un departamento que esta buenísimo, hipermoderno, y al parecer hoy a la noche empieza el carnaval en Suiza, asi que vamos a verlo.
Pero atenti con la cosa, porque estoy teniendo un "lag", un "blank" en mi relato "itinerarieral". Ahora recuerdo que lo último que escribí, fue sobre la odisea desde Venecia a Amsterdam, pero no de qué pasó EN Amsterdam, y de cómo es que vine a parar acá... Pensándolo bien, tal vez no me convenga comentar en profundidad qué pasó en Amsterdam, o podría hacer un relato, llamémosle, con memoria selectiva.
Digamos que Amsterdam es otra ciudad increíble (y van...). De día y de noche. Es una ciudad hermosa, muy curiosa en su mezcla de antiguo y ultramoderno, y muy abierta, tal como dicen todas las guías turísticas. No quiero parecer una guía turística, pero hay cosas que no se pueden expresar de otra manera. Es wide open, y en ningún momento nos sentimos extranjeros, porque ahí está lleno de extranjeros y es sumamente cosmopolita. La ciudad como tal es un muy curiosa urbanísticamente, y te das cuenta de la enorme tecnología hidráulica que la sostiene. Me gustó mucho que en el casco histórico hay una formación urbana que se mantiene perfecta desde el siglo XVII, con las casas y edificios antiguos muy cuidados, todos iluminados, y a la vez tenés osadías arquitectónicas ultramodernas que no se pueden creer, y también un sistema de transporte de la hostia. Tranvías de última generación, barquitos, buses y muchas, pero muchas bicicletas. A toda la ciudad la recorre una "bicisenda", pero una en serio, que tiene prioridad de paso respecto al peatón.
Tiene unos edificios antiguos espectaculares, y muchos espacios abiertos, y bares y más bares, y mercados al aire libre, y muchas etnias, y muchos museos, y mucho de todo. Es extremadamente intensa, y bellísima. De noche todo está iluminado: los edificios y casas, los puentes, los bordes de los canales, los negocios, los bares. Parece una ciudad de mentira, con algo de Venecia, pero con esa intensidad de ciudad grande. Valen y yo fuimos entre otras cosas al Museo Van Gogh, que es excelente, y a la casa-museo de Anna Frank, muy impactante, por cierto.
Otra cosa para destacar en relación con el viaje es que los holandeses son lo más amable de Europa hasta ahora, aunque sea difícil caracterizar qué es un holandés. Digo esto porque la población es muy "varia". Muchos africanos (de Marruecos, más que nada) y muchos indios. Y por supuesto, los rubios de dos metros de altura, que está lleno. Y otra cosa más es que se come de a porciones grandes, y eso ha sido clave para mi bienestar personal. Por eso es que nos quedamos una noche más de la que pensábamos, desde el lunes hasta el viernes.
Desde Amsterdam nos fuimos el viernes a Brujas, en Bélgica, que es otra ciudad preciosa como Venecia, pero bien medieval. Ahi estuvimos la tarde paseando, y al anochecer Valentín y Willy se fueron a París, y yo me quedé ahí, en un hostel muy agradable. De allí me tomé un tren ayer para aquí, a Basilea, un tren que pasó por Estrasburgo, y desde anoche estoy aquí con mi amiga Letizia, chafardeando a más no poder. Ahora me encontraba leyendo sobre Holanda, mientras ella duerme la siesta (se recupera también de las cientro cuatro "cubatas" que se tomó), y cada tanto habla por teléfono en ese ab-so-lu-ta-men-te-in-com-pren-si-ble suizo-alemán. Por mi parte, yo me encuentro mejor que nunca, es buenísimo viajar solo solo, y en lo que hace a Basilea, que es una muy linda ciudad sobre ambas costas del Rhin, me quedo hasta mañana aquí. Al final dejé a Berlín para otra vuelta, y ya me voy para Paggguí. Ez que no ze puede todo, tío!.
Saludos perezosos de su fiel itinerante, ahora solitario y bien apañao.