domingo, 18 de marzo de 2007

De Barcelona a Menorca, de Menorca a Madrid, y de Madrid a Londres!




A pedido del publico, vuelvo a escribir unas parrafadas para ponerme al dia con esta sintetiquisima bitacora de viaje. No me pidan acentos (mejor dicho, tildes) porque estos teclados ingleses los desconocen.

Mi ultima y pobrisima -aunque visual- entrada fue para mencionar que la estaba pasando de putas en Barcelona: 100% verdad, la pase de putas, es decir, perfecto. En Barcelona continue con mi iniciativa de relax respecto a estar todos los dias con una agenda turistica atragantada, y me dedique, poco a poco, a completar lo que habia olfateado el dia y medio que ya habia estado en Barcelona a la ida. Incluso no hice todo lo que "se deberia hacer", porque me gano un poco la fiaca, y otro poco la calorrsss que empezo a hacer en Barcelona, y que, entre otras cosas, me llevo a hacer, creanlo o no, dos dias de autentica playa, con pantalones cortos, en la playa de la Barceloneta, de la mano de mi entonces amigo Allan, un brasilenio paulista que conoci -como a casi todos- en el tren, y con quien pasamos varios -y muy buenos- dias juntos.

Para mi suerte, el segundo hostel en el que pare en Barcelona era diez veces mejor que el primero. Es decir, tenia todo lo minimo que tenia el otro de bueno, y que se le debe pedir a un alojamiento que se precie, pero ademas tenia joda. Quizas demasiada. Ubicado en la mismisima plaza real, a metritos nomas de la rambla, el Hostel Kabul, asi se llamaba, le hacia honor a su nombre. Tenia un muy buen ambiente; un lindo lugar multiuso con mesas, bar, sillones y computadoras que era el espacio de encuentro "con las distintas culturas". Por su parte, Barcelona me hizo sentir muy comodo, obviamente por el idioma, y porque es una ciudad muy facil y linda para vivir, comoda, pequenia, moderna, movida, culturosa, cosmopolita, y lindisima. Hubo dias incluso en que me costaba no estar acompaniado por nadie, porque era tan facil hacer relaciones que por momentos me hastiaba de tanto extranjero y tenia que hacer un esfuerzo por cortarme solo. Asi es como, despues de un dia entero de pasear por la ciudad con Allan (le mostre la Sagrada Familia y luego atravesamos toda la ciudad hasta que llegamos y entramos al Camp Nou) y pasarmela con brasileros a la noche, al otro dia me fui solito a Montjuic, ese monte increible desde donde se obtiene una vista increible de la ciudad, y con su castillo fortaleza, para derivar luego en la Fundacion Miro, en la Villa Olimpica y, escaleras abajo, en el Museo Nacional de Arte de Barcelona y la Plaza Espagna. Tambien me pase una tarde con mi amiga Mariana Hoffmann (para quienes la conocen), que me hizo conocer el mas increible lugar que conoci para comer de parao toda clase de "bocadillos" de fiambres espanioles, tambien en la Barceloneta. Tanto es asi que despues de ese dia fui tres veces mas, llevando a otra gente y tambien solo. Allan, uno de ellos, casi se pone a llorar de la emocion cuando probo el bocadillo de camembert, bacon y morrones, con una copa de rosado. Ese lugar, para los amigos "Bigote", constituye uno de los hitos culinarios de mi viaje. Y no solo culinarios, sino que tambien era un lugar muy folklorico, al estilo de una mezcla entre El Desnivel (pero de parado) y Carlitos, pero en version espaniola, con catalanes gritoneando todo el tiempo apretados uno contra otro, y jamones colgados del techo por todo el lugar. En fin, memorable y entraniable. Gracias Mariana, por lo que te toca. Gracias por ser como sos, bolá.

En fin, tambien en Barcelona estuve por Parc Guell, otra maravilla al aire libre del maestro Gaudi, y paseando por el (cuak) Paseo de Gracia, por el barrio de Gracia, por el Poblenou, por el Poblesec, por la Barceloneta una y otra vez (incansablemente), por el barrio de los juegos olimpicos, y por varios otros lugares. No me quiero poner en pesado, pero la arquitectura modernista me dejo fascinado (no solo Gaudi, sino tambien otros como Domenech i Montaner, Cadafals y alguno mas cuyo nombre no me acuerdo). Nunca fui a ver el Museo Dali, aunque me quede con las ganas, porque me gano el programa que me proponia Allan con la playa y cervecita, paseito por el Port Vell, y otra vez playa y cervecita, que ademas estaba bien baratita (hablando en euros, claro).
Tambien me desnuque con una paella de mariscos en la rambla del Bogatell, auspiciado por amigos catalanes, y con unos salamines monumentales en algun balconcito de Horta.
Por ultimo, cabe destacar la noche que jugo el Barca contra el Real, partido que vimos con Allan en un bar a cuadras del estadio, vibrando con los catalanes con cada gol que Messi nos regalaba. Poh! Que partio! Cuanta emocion y cuantos abrazos iberoamericanos, con gargantas partidas y sidra de la casa!

Unos dias despues, me tome un barquinho a Mahon, en la isla de Menorca, y me quede dos noches con mi amiguisima Marina, que me mostro su vida y su lugar ahi. Menorca es otra sorpresa: tiene unas playas que no le envidian NADA a cualquier playa de la Polinesia, y encima, con gustito catalan, con casitas blancas apretaditas sobre las laderas de la isla. Al volver de Menorca, la noche de no me acuerdo que dia (creo que el jueves pasado), estuve 1 hora en Barcelona y me tome el tren nocturno a Madrid.

Madrid muy lindo, ya con mas gusto a la cosa entre castellana y andaluza, en un hostel tambien muy bueno, aunque no pude aprovecharlo tanto como habria querido. En parte la culpa es de que, por alguna razon, yo no estaba tan predispuesto con Madrid; otra razon es el maldito puto sistema de informacion publica de Madrid, que no existe, confuso y precario, y razon por la cual no pude ir un dia a Toledo ni a Segovia como queria, y termine igualmente en un paraje muy lindo, de montania, nada que ver con lo urbano, llamado Cercedilla. Muy bonito.
Pero bueno, para ir a Madrid hay que hacerse tiempo, porque ademas de Madrid estan las muchas cosas que esperan en los alrededores (Toledo y Segovia, como ya dije, pero tambien Alcala de Henares, El Escorial y algunas otras cositas), y si nos animamos a un poco mas, se abre todo el mundo andaluz. Pero bueno, ese es otro viaje que merece ser planificado: arrancar desde Madrid y cercanias, y rajar para Granada, Cordoba, Malaga, Sevilla y Jaen. Y todos esos pueblitos que te sorprenden en el camino.

Madrid me gusto mucho, pero como decia, estaba un poco cansado de las grandes ciudades, y Madrid tiene algunas cosillas del subdesarrollo que, exigente como me he puesto, me ponian de las pelotas. Ahora... tiene unos barrios, la puta madre, la zona de Chueca, la Latina, todo el centro historico. Que cosa mas linda. Y empieza a vislumbrarse ciertas cosas del mundo andaluz, como la herreria de los balcones y terrazas, los mosaicos de ceramica que se usan tanto en los edificios, algunas piezas arquitectonicas memorables, y tambien un caracter muy amable y desenfadado de los madrilenios.

Anoche nomas, hice vigilia (llamemosle asi) en Madrid porque mi vuelo a Londres por Easyjet salia hoy a las 7 y 20 de la maniana desde Barajas. Llegue a Gatwick cagado de suenio y un poco emputecido. La cola de inmigracion demoro tanto como el vuelo, y el empleado de inmigracion me pregunto hasta por la marca de mi ropa interior. Dije, a quien se le ocurre, Londres despues de Madrid, a cuatro dias de volver a Buenos Aires, y encima hostilizado por estos ingleses putos que te hacen sentir como un sudaca.

Pero Londres.
Ay ay ay.
Me dejo pasmado.
Que maravilla que es Londres.
Que bestial, elegante, rica y cosmolita que es Londres.
Que desbordante. SoHo, Camden Town, el Tamesis, Westminster, Regents Park, King's Cross, en fin.
Se me fue el suenio a la mierda, termine de entender como funciona el subte, y estuve caminando por una buena parte de la ciudad. Y cerre la tarde escuchando en vivo (y gratis, importante) a cuatro pianistas que, en la iglesia de la abadia de Westminster, tocaban obras barrocas en el organo.
Maniana y pasado me esperan mas paseos por Londres, obviamente, solo comparable con Paris o Roma, y el mismo martes me vuelvo a Madrid, para el miercoles volver para la Argentina, y festejar mi cumpleanios que sera el proximo sabado.

En fin, un brochazo de oro. Y otra puerta a un nuevo viaje: todo Gran Bretania empezando por Londres y luego Escocia, Gales e Irlanda.

Amigos, los voy dejando en paz. Muerto de cansancio y contento, en este hostel que la verdad, esta 10 puntos para este momento: lindo, bien ubicado, y tranquilo. Me esperan ahora, noches de calma.

Espero no haber aburrido a nadie, las fotos las podran ver los que quieran a la vuelta. Hasta dentro de muy pocos dias.

Ignacius Viajerus.

martes, 13 de marzo de 2007

BARZZZELOOONA!!!!!!!!!!!



BARCELONA ES INCREIBLE; TOTAL!! Me la he pashao de puta má!
DESPues escribo mas,ahoraestoy en Menorca,paseando. Adiós!Les dejo algunas fotos. Faltan lasde Gaudi!

Olé!

lunes, 5 de marzo de 2007

Reporrrrrte local desde el pueblo de Blois (Francia)




Nos encontramos en la localidad de Blois, un pueblo ya no tan pueblo de origen medieval, que fuera anfitrión de intrigas cortesanas durante varios siglos en los que la corona de Francia residió en el citado lugar. Este jocoso paraje, que ostenta una buena cantidad de castillos del medioevo, casas barrocas y una costa envidiable (el Loire), se ubica a unos 182 kms al sudoeste de la ville de París.

Caminando por las retorcidas calles de Blois podemos encontrar hoy, una tarde como cualquiera, a un joven de veintitantos años que se ha sentado sobre un banco del mirador de la ciudad, y que parece escribir unos versos en un papel bastante poco decoroso. El joven, de nombre Manuel Miranda, que al parecer ha venido de vacaciones, responde ante nuestra consulta que le gusta contemplar un paisaje y escribir sobre eso, ya que insiste que es una manera mas profunda de mirar cualquier lugar.

Luego de alguna insistencia, el hildalgo caballero nos cede el mencionado pedazo de papel para que podamos leerlo en voz alta (y ridiculizarlo ante nuestro estimadísimo púbmico ciernético). Pero aún más avezados, nos atrevemos a solicitarle que lo lea él mismo, a lo que accede no sin cierto recelo. Y entonces dice, de principio tímido, lo que sigue a continuación:

"Las chimeneas de Blois, y los tejados grises, filosos, y los muros de piedra que contienen al río Loire; y el propio Río Loire, coronado por el puente Saint Jacques, que cuelga en una paz indefinida. Los árboles altos y delgados de la costa, y los que forman el fondo del paisaje, todos unidos. Y más adelante, las casas tudor, las barrocas y las medievales, intercaladas, con techos negros, grises, y otra vez filosos. Hacia la derecha, la catedral de Saint Louis resuena en una campanada larga, solemne y musical. Repetitiva.
Y el marco desde donde miro toda esa confusión de casas y chimeneas que se reflejan, una tarde fría y despejada commo hoy, contra el río Loire: balcón de hierro y piedra que me sostiene extasiado, queriendo comerme el paisaje, sin saber ya cómo capturarlo. En ese momento es que siento la paz más absoluta, la tranquilidad y felicidad más íntima y personal."

Sonrojado, el joven dobla el papel con los versos, quizás esperando una respuesta. Le miento que esta muy bien: reconozcamos que aunque tiene una mala prosa, llena de lugares comunes, el texto nos llega.
Antes de retirarnos, le consultamos que hará en los próximos días, a lo que contesta que irá en bicicleta a los castillos de la zona, el Valle de Loire. Pero al día siguiente, al verlo por casualidad, a la tardecita, que se baja de un auto particular, nos saluda y nos explica que no habia nadie en toda la ciudad de Blois que alquilara bicicletas ese día, por lo que decidió caminar bosque adentro y hacer dedo -unas tres veces- para que no se le hiciera de noche a la vuelta. Una locura, pero al parecer ha conocido dos castillos -el Chambord y el Chevergny- y parece tan contento como cansado.

Bueno entonces, aquí temina nuestro reporte del día. Esperamos haya sido de su interés. Seguiremos informando desde TURISMO POUR LA MINORIE. Hasta la próxima!

viernes, 2 de marzo de 2007

O la la Paris!




Las fruterías y verdulerías de Montmartre, tan lindas y folklóricas.
Las ventanas y chimeneas de las mansardas en lo alto de las casas.
La perfección señorial de los parques reales.
La grandilocuencia del río Sena, de sus puentes, de las avenidas, enormes, y de los grandes monumentos.
La Ile de la Cité, toda. Y el silencio de la Ile de Saint Louis.
Las marquesinas bordó, azules y verdes de los negocios, una pegada a la otra. Y los negocios.
El olor del azúcar impalpable que se derrite en las crepes.
El frío azul que restrega a los árboles, sin hojas.
Las placitas secas escondidas a la vuelta de una esquina cualquiera.
Los patios interiores de los condominios de Marais, y la intimidad de sus calles angostas, y a veces vacías.
Las mesitas de los bares a la calle, con sus sillas esterilladas.
El ajetreo constante del Quartier Latin, con sus librerías y tiendas de discos.
Los bulbos rojos de vidrio donde culminan las curvas art nouveau, en hierro, de las estaciones de metro.
El Pompidou, ese caos ruidoso y armónico de fierros, vidrios y tubos gigantes de colores, en medio de un escenario de color pastel.
Los sobretodos oscuros y las bufandas colorinches de los parisinos.
Las crepes de chocolate Nutella con coco, y las baguette de poulet.
Los bares de jazz, por toda la ciudad, y especialmente en Montmartre.
Y la torre Eiffel, por supuesto, como figura y fondo, de dia y de noche; hermosa.
Y las francesas... mon amour!

Que bien que la pasé en Paris.
Hasta la próxima, que será pronto. El viajero sigue viajando.