Nos encontramos en la localidad de Blois, un pueblo ya no tan pueblo de origen medieval, que fuera anfitrión de intrigas cortesanas durante varios siglos en los que la corona de Francia residió en el citado lugar. Este jocoso paraje, que ostenta una buena cantidad de castillos del medioevo, casas barrocas y una costa envidiable (el Loire), se ubica a unos 182 kms al sudoeste de la ville de París.
Caminando por las retorcidas calles de Blois podemos encontrar hoy, una tarde como cualquiera, a un joven de veintitantos años que se ha sentado sobre un banco del mirador de la ciudad, y que parece escribir unos versos en un papel bastante poco decoroso. El joven, de nombre Manuel Miranda, que al parecer ha venido de vacaciones, responde ante nuestra consulta que le gusta contemplar un paisaje y escribir sobre eso, ya que insiste que es una manera mas profunda de mirar cualquier lugar.
Luego de alguna insistencia, el hildalgo caballero nos cede el mencionado pedazo de papel para que podamos leerlo en voz alta (y ridiculizarlo ante nuestro estimadísimo púbmico ciernético). Pero aún más avezados, nos atrevemos a solicitarle que lo lea él mismo, a lo que accede no sin cierto recelo. Y entonces dice, de principio tímido, lo que sigue a continuación:
"Las chimeneas de Blois, y los tejados grises, filosos, y los muros de piedra que contienen al río Loire; y el propio Río Loire, coronado por el puente Saint Jacques, que cuelga en una paz indefinida. Los árboles altos y delgados de la costa, y los que forman el fondo del paisaje, todos unidos. Y más adelante, las casas tudor, las barrocas y las medievales, intercaladas, con techos negros, grises, y otra vez filosos. Hacia la derecha, la catedral de Saint Louis resuena en una campanada larga, solemne y musical. Repetitiva.
Y el marco desde donde miro toda esa confusión de casas y chimeneas que se reflejan, una tarde fría y despejada commo hoy, contra el río Loire: balcón de hierro y piedra que me sostiene extasiado, queriendo comerme el paisaje, sin saber ya cómo capturarlo. En ese momento es que siento la paz más absoluta, la tranquilidad y felicidad más íntima y personal."
Sonrojado, el joven dobla el papel con los versos, quizás esperando una respuesta. Le miento que esta muy bien: reconozcamos que aunque tiene una mala prosa, llena de lugares comunes, el texto nos llega.
Antes de retirarnos, le consultamos que hará en los próximos días, a lo que contesta que irá en bicicleta a los castillos de la zona, el Valle de Loire. Pero al día siguiente, al verlo por casualidad, a la tardecita, que se baja de un auto particular, nos saluda y nos explica que no habia nadie en toda la ciudad de Blois que alquilara bicicletas ese día, por lo que decidió caminar bosque adentro y hacer dedo -unas tres veces- para que no se le hiciera de noche a la vuelta. Una locura, pero al parecer ha conocido dos castillos -el Chambord y el Chevergny- y parece tan contento como cansado.
Bueno entonces, aquí temina nuestro reporte del día. Esperamos haya sido de su interés. Seguiremos informando desde TURISMO POUR LA MINORIE. Hasta la próxima!
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