viernes, 2 de marzo de 2007

O la la Paris!




Las fruterías y verdulerías de Montmartre, tan lindas y folklóricas.
Las ventanas y chimeneas de las mansardas en lo alto de las casas.
La perfección señorial de los parques reales.
La grandilocuencia del río Sena, de sus puentes, de las avenidas, enormes, y de los grandes monumentos.
La Ile de la Cité, toda. Y el silencio de la Ile de Saint Louis.
Las marquesinas bordó, azules y verdes de los negocios, una pegada a la otra. Y los negocios.
El olor del azúcar impalpable que se derrite en las crepes.
El frío azul que restrega a los árboles, sin hojas.
Las placitas secas escondidas a la vuelta de una esquina cualquiera.
Los patios interiores de los condominios de Marais, y la intimidad de sus calles angostas, y a veces vacías.
Las mesitas de los bares a la calle, con sus sillas esterilladas.
El ajetreo constante del Quartier Latin, con sus librerías y tiendas de discos.
Los bulbos rojos de vidrio donde culminan las curvas art nouveau, en hierro, de las estaciones de metro.
El Pompidou, ese caos ruidoso y armónico de fierros, vidrios y tubos gigantes de colores, en medio de un escenario de color pastel.
Los sobretodos oscuros y las bufandas colorinches de los parisinos.
Las crepes de chocolate Nutella con coco, y las baguette de poulet.
Los bares de jazz, por toda la ciudad, y especialmente en Montmartre.
Y la torre Eiffel, por supuesto, como figura y fondo, de dia y de noche; hermosa.
Y las francesas... mon amour!

Que bien que la pasé en Paris.
Hasta la próxima, que será pronto. El viajero sigue viajando.

3 comentarios:

luisma dijo...

Che´, qué fiaca! Despues de una semana en Paris ni un comentario sabroso! Vamos, laburando un poco...

Ignacio Giorgio dijo...

Muy bueno no dejas de sorprendernos
Nacho y flia

Ignacio Albornoz dijo...

Qué Nacho?? Tengo dole personalidad??